Inicia un nuevo año…

Inicio de un nuevo año, un nuevo ciclo que comienza una y otra vez y no nos damos cuenta de que es una nueva oportunidad para comenzar a escribir nuestro propio libro de vida, algo que a diario, sin necesidad de ser un mes de Enero, podríamos hacer sin tener que esperar a que sea el primer mes del año, pero que por costumbre, relacionamos ese mes con la fecha ideal para comenzar un proyecto en el que llevábamos tiempo pensando, o que en alguna oportunidad dijimos: “algún día lo haré”. Pues ese día, ese “algún día” me llegó a mí, y tomé la decisión de experimentar en algo que desde adolescente me ha atraído, o mejor dicho, supe valorarlo desde esa edad gracias a la excelente profesora de arte que tuve en el colegio, quien supo inculcar en mí el amor al arte y la admiración por todas aquellas personas que dedicaron sus vidas a expresarse a través de lienzos y esculturas; esa decisión de la que hablo fue la que tomé al decir un día, voy a comenzar a pintar.  No fue fácil, como toda decisión que se toma al incursionar en algo que nunca has hecho sentí esa ansiedad de no saber si estaba pensando en hacer algo que tal vez no era para mi, porque una cosa es saber apreciar y admirar el arte, y otra muy distinta es pensar que se puede tener la creatividad para realizar algo que realmente nazca de tu propia inspiración, sin ánimos de imitación, algo único que reflejara tal vez, la cantidad de colores que vagan en mi mente, o simplemente que transmitiera la simetría o asimetría que llena mis espacios imaginarios.  Dejé atrás mis tabúes, y pensé: lo haré para mi, para llenar esa intriga de saber cómo quedaría una obra si esta vez fuera yo quien le diera forma, y así comencé, compre dos bases de madera giratorias y decidí comenzar a pintar, sólo sabía la técnica y el material con el cual quería incursionar y eso ya era para mí un gran comienzo, de allí nació esta pasión, este “vicio oculto” como le llamo entre risas con mis amistades.    

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